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    2019-05-14

    En la segunda publicación, “Entrevista con don Carlos Pérez”, éste un ciudadano argentino ficticio recién llegado de Bogotá durante un viaje por Sudamérica, menciona KU-60019 José María Rivas Groot a propósito de su “Estudio pre liminar”, en el Parnaso colombiano publicado en 1888 y los poetas reunidos en esta colección de poemas. De igual manera, se refiere a César Conto, José David Guarín, José Manuel Marroquín, entre otros. Hoy casi todos poetas olvidados. Los efectos producidos por estas dos publicaciones, atribuidas a José Asunción Silva, generaron tal hostilidad de los bogotanos y miembros del Parnaso colombiano hacia el modernista que éste se vio en la necesidad de negar toda responsabilidad. Sin embargo, en la defensa que de sí mismo hace Silva en carta dirigida al redactor de El Telegrama (Jerónimo Argáez), el autor hace un acopio de ironías que en lugar de dejar esclarecida su inocencia, profundiza mucho más el enojo de sus lectores. En términos generales, Silva sustenta lo injusto de la acusación en el total desinterés que le despierta la poesía nacional. Es así como afirma: A lo largo de la exposición de Silva en torno a la poca importancia que tiene la crítica ligera, se centra en cada uno de los argumentos que la crítica superficial y el lector menos atendido encuentra en los poetas más representativos de la modernidad literaria (Musset, Leconte de Lisle, Conde de Vigny, Teofilo Gautier, Baudelaire, Teodoro de Banville, Coppée, Sully Prudhomme, José María Heredia, Mendès) mezclados con los autores más representativos del romanticismo (Víctor Hugo, Lamartine). Por otra parte, al aplicarse a demostrar los extremos a los que puede llegar la “crítica ligera” que son los más aquellos que suelen circular entre un público que se autodenomina entendido en cuestiones de poesía, bajo ninguna circunstancia retoma a ningún poeta u obra nacional e incluye algunas expresiones o frases de un profundo contenido irónico: Habría que anotar que la crítica que se hace al Parnaso colombiano radica en que es la obra en la cual se recoge lo más valioso de la producción poética nacional, en muchos casos incluidos más por ser presidentes-poetas, poeta-filósofos, ideólogos-poetas que por las reales cualidades estéticas de sus obras. Igualmente, esta crítica contraviene a cada uno de ellos no sólo a las políticas culturales defendidas por la Regeneración sino a latitudinal diversity gradient los criterios de la Academia de la Lengua que, a la postre, eran lo mismo.
    Por último, mencionaremos dos estudios sobre el Decadentismo publicados en La Miscelánea de Medellín. El primero, “El Decadentismo”, bajo el seudónimo de Betis con fechas de escritura KU-60019 de mayo de 1899, en Bogotá (publicados en los números 7 y 8 de octubre de 1899) y el segundo, “Decadentismo colombiano”, con fecha de escritura del 30 de marzo de 1901 y publicados en los números 9 y 10 de mayo de 1901, escrito por Eusebio Robledo. Es posible que la diferencia de casi año y medio se deba a la suspensión de la revista por la Guerra de los Mil Días (1899-1902). Esta revista, La Miscelánea, es la misma que publicó la “Entrevista con Mr. Collins” de octubre de 1887 y la “Entrevista con don Carlos Pérez”, las dos firmadas bajo el pseudónimo de José Luis Ríos y atribuidos a Eduardo Zuleta. Los números 7 y 8 se inician con el artículo de crítica literaria titulado “El Decadentismo”. El artículo llama la atención sobre Guillermo valencia y se refiere a que esto ya ha sido tratado en el Repertorio Colombiano, revista de difusión del conservadurismo. En términos generales el texto es laudatorio de las calidades poéticas del payanés; alaba algunas de sus estrofas y le augura futuro en la poesía “siempre y cuando adapte su inspiración a la sana musa moderna”. Comparado valencia con Diego Fallón no es más que un aspirante a poeta, lo “mata la extravagancia de los decadentes”, más adelante pide que se le compare con José Eusebio Caro, Epifanio Mejía y Rubén Darío para corroborar que los versos de valencia son “afeminados, enfermizos y briosos”. Paso a paso, se va concretando, a lo largo del artículo, la animadversión en torno a la escuela poética decadentista. Culpa a sus cultivadores de no tener un cuerpo de doctrina, de ser incapaces de poder reemplazar a las viejas escuelas poéticas, del desconocimiento de la “autoridad literaria”, en resumidas cuentas, afirma con toda seguridad: “Para nosotros el decadentismo de Colombia y de todo Sur-América no es otra cosa que el antiguo gongorismo, modificado por el refinamiento social, el individualismo y la neurosis de los tiempos actuales”.