Archives

  • 2018-07
  • 2019-04
  • 2019-05
  • 2019-06
  • 2019-07
  • 2019-08
  • 2019-09
  • C mo ha reaccionado la literatura m

    2019-05-15

    ¿Cómo ha reaccionado la literatura más reciente de América Latina ante estas realidades? Esta pregunta o, más bien, las posibles respuestas ghrelin receptor antagonist ésta, le confieren su estructura reflexiva y argumental al libro, que no tiene, y esto es agradecible y estimulante, una pretensión canónica, sino que aspira a ser dialógico en el sentido más esencial y trascendente: en el de motivar la confluencia de saberes y experiencias consolidados, pero también de motivar cuestionamientos explícitos e incertidumbres incómodas. Ésta es la hoja de ruta de todo este Pienso en el coordinador y en los autores a los que convocó como los de los que habla Elizabeth Jelin: esos hombres y mujeres que, sin ignorar sinsabores y desgracias, tienen claro que, desde el presente es tan necesario abrir la ventana para observar el pasado como también abrir la puerta para salir en busca del futuro, a pesar de todos los malos augurios que esta voluntad suele concitar. Pero esta tarea no puede llevarse a cabo sólo desde el entusiasmo, sino que debe tener asideros teóricos, metodológicos y axiológicos; es decir, la violencia puede conmovernos o indignarnos, y esto es valioso pero no suficiente por sí mismo, por lo que en este será vital comprender la violencia y sus manifestaciones, sus motivos y mecanismos, su historia y su presente: “Hay que situarla en su momento histórico, entender su ideología, sus dimensiones culturales y la psicología del terror. Sólo así es posible descubrir, en el terreno de lo simbólico, el trauma, el miedo, la inseguridad y el sufrimiento ocasionados por la violencia” (p. 16). Las de América Latina constituyen el tormentosa diríamos, del libro. Es importante citar textualmente, en palabras del editor del volumen, lo que implica este revelador membrete:
    Entre los variados frutos que ha producido el proyecto de investigación “Interacción de los exilios de México e Iberoamérica” del Centro de Investigaciones sobre América Latina y el Caribe (), uno de los más destacados es el lanzamiento de la serie Exilio Iberoamericano, empresa editorial que llega a su quinto volumen con la publicación de De forma ma- yoritaria, las pesquisas sobre exilios colocan el foco de su atención en los expatriados, tal como lo hicieron los primeros cuatro números de esta colección, en que académicos latinoamericanos y europeos rastrearon los pasos de los emigrados, analizaron sus discursos y ahondaron en las redes y prácticas forjadas durante su experiencia. En ocasiones, tienden a zone of differentiation dejarse al margen las políticas y directrices que marcan las estrategias gubernamentales para la vigilancia, contención y en su caso persecución de los desterrados, aunque no hay proceso de exilio sin la participación de un régimen que orille a ciertos sujetos a la migración y los mantenga a distancia de su nación de origen. El trabajo que da a conocer Hugo Martínez Acosta no rompe con el espíritu que alienta al proyecto de investigación del sino, por el contario, aporta una perspectiva complementaria al programa, ofrece una minuciosa mirada desde la otra cara, a veces menos luminosa y más oscura del proceso: las acciones de los gobiernos sobre asuntos que les atañen y preocupan por distintos motivos; a saber la persistencia política del exiliado, la presencia de emigrados en su territorio y la tolerancia o el control de estos grupos. Todo ello, enmarcado en un triángulo diplomático que conformaron las diferentes naciones centroamericanas, Estados Unidos y México. Por ello, este libro, podría titularse más bien , ya que como señalé, sus protagonistas principales no son propiamente los grupos de exiliados, sino los agentes gubernamentales. El relato de Hugo Martínez introduce al lector de manera clara en el crispado ambiente centroamericano, de comienzos de siglo , en que los conflictos políticos internos de los distintos países se entrecruzan con las tirantes relaciones con sus vecinos, en los que buscaron soportes, aliados o de plano injerencias para alentar la caída de los rivales y competidores en pos del liderazgo sobre el istmo, añorado ansiosamente por Manuel Estrada Cabrera, presidente de Guatemala, José Santos Ze- laya de Nicaragua y Tomás Regalado en El Salvador. A estos elementos, de la ya de por sí compleja combinación centroamericana, se incorpora la presencia estadounidense, acrecentada en consecuencia por la victoria militar sobre España en la guerra de 1898. Tras su expansión sobre el Caribe, Estados Unidos colocó en una altísima prioridad la pronta construcción del canal interoceánico y Centroamérica se alzó como una región clave para sus intereses políticos y económicos. A ello se debe sumar la figura de México, cuya preocupación es preservar la paz en su frontera sur, atemperar el añejo problema limítrofe con Guatemala y mantener un papel de relativa importancia en la zona, ante el exponencial incremento de la fuerza estadounidense.