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    2019-05-15

    INTRODUCCIÓN Nuestra hipótesis general es que durante el periodo 1982-1985 se constituyó en Guatemala una dictadura institucional fundacional de las fuerzas armadas similar Mifepristone la experiencia de Argentina (1976-1983), y que parte de esas semejanzas se deben, entre otras razones, a las relaciones sostenidas por ambos gobiernos en cuanto a la lucha contra la subversión. Al confrontar esta experiencia guatemalteca de dominación política con las dictaduras institucionales de las fuerzas armadas del Cono Sur destacan, a simple vista, las diferencias, empezando por las características de las violaciones a los derechos humanos, concretamente la forma de genocidio en Guatemala. El ejercicio de la represión en las zonas urbanas, sin embargo, no fue muy diferente en Guatemala y Argentina. En rigor, no se han bosquejado las similitudes entre las experiencias represivas guatemalteca y argentina, las que nos hablarían de condicionantes y formas de legitimación parecida y relaciones políticas aún no investigadas. El objetivo de este artículo es desarrollar una comparación analítica entre las dictaduras institucionales de las fuerzas armadas de Argentina (1976-1983) y de Guatemala (1982 y 1985), fundamentalmente en lo que respecta a las formas de legitimación. Abordaremos algunas dimensiones presentadas por Waldo Ansaldi y César Tcach como la legitimidad de origen, la forma de organización del ejercicio del poder político y la legitimidad de ejercicio. Las mismas permiten vislumbrar que, a pesar del uso irrestricto, ilegal e ilegítimo de la violencia política, máxime en los casos de Guatemala y Argentina, las dictaduras institucionales de las fuerzas armadas apelaron a ciertos consensos sociales, como a ciertas instituciones de la democracia, para garantizar obediencia y sometimiento. En segundo lugar, que la forma colegiada de gobierno fue una manera de organización política ideada con fines antisubversivos, valorada como exitosa y que buscó promoverse. Por último, que la doctrina de la seguridad nacional, al privilegiar las fronteras ideológicas, habilitó la lucha contra la subversión por encima de las fronteras nacionales, cuestión que condujo a Reciprocal translocation la dictadura argentina a mantener con el gobierno guatemalteco amplias relaciones e intercambios.
    LEGITIMIDAD DE ORIGEN Y ORGANIZACIÓN DEL PODER POLÍTICO Al carecer de un principio de legitimidad de origen por haber quebrado el orden constitucional y haber usurpado el poder, este tipo de dictaduras buscaron otros principios para suplirlo. Este fue el caso de la Doctrina de la Seguridad Nacional, la cual fue una ideología legitimadora del ejercicio de las dictaduras que no pudo suturar esa carencia esencial. Estas dictaduras utilizaron la violencia y apelaron a ciertos consensos sociales. Por esta razón, se autopresentaron como instauradoras de un nuevo orden político y social democrático, es decir, con un carácter fundacional que fue más allá de la restauración de las viejas democracias. Alain Rouquié indica que lo único que legitimó a los regímenes institucionalmente militares fue el futuro, pues fueron transitorios por su propia esencia: “la legitimación de la usurpación militar se sustenta precisamente en el gobierno siguiente, el régimen sucesor”. La Doctrina de Seguridad Nacional invocada sirvió “más para disimular la ilegitimidad que para fundamentar una nueva legitimidad”, lo que explica que la democracia representativa haya sido el Norte de estos regímenes. Para legitimarse, se proponen como “objetivo mejorar, fortalecer, modificar o incluso protegerla, pero jamás anular o destruirla como ocurrió en otras latitudes”. Esto muestra su paradoja: las dictaduras institucionales de las fuerzas armadas, mientras que carecieron de la legitimidad provista por el voto y apoyo popular, justificaron su irrupción y asalto al poder apelando al establecimiento de una futura y nueva democracia. Incluso, acudieron a algunos mecanismos e instituciones democráticas a pesar de los altísimos niveles de coerción que desplegaron.